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José no es un cantautor más, aunque es la suya una generación que resultó pródiga. Creo que José se diferencia sustancialmente porque la historia que canta, la historia que cuenta, es una historia en la que él mismo es protagonista, desde una posición de compromiso –como mínimo- bastante poco común.
Decir nacido en el 60’ es decir adolescente de la tormentosa época del gobierno de Isabel Perón y de la dictadura militar que dió en llamarse “proceso”; y es decir también, por lo tanto, sobreviviente, y joven de la etapa de reconstrucción democrática desde 1983. Campeón sudamericano de fútbol en el 74’ y argentino en el 75’ la pasión popular la conoce José desde ambos lados de la alambrada. De profesión hay que decir maestro, no sólo porque José lo es, sino porque en él la música es una auténtica y genuina vocación que vá más allá de lo artístico, y que fue sostenida como tal sin claudicaciones por más de 25 años.
José es un trovador popular sin auspicios, sin apoyos, sin sponsors y sin otro compromiso que el que siente y canta en una obra prolífica y profunda que abarca más de 100 canciones: el compromiso con su tiempo y con su gente. Un compromiso que llega a su canción no desde la observación sino desde su escenario natural de siempre: la vida real y cotidiana, en la que participó como militante activo en organizaciones de derechos humanos. Guitarrista diestro en la ejecución y zurdo en lo demás, su identidad musical lo coloca en una “trova de acá”, en la que las raíces tangueras, folklóricas y españolas dan lugar a un estilo con personalidad propia y bien distinguible, con influencias reconocidas de Zitarrosa, de Viglietti, de Silvio.
Sus temas reflejan los dolores y las alegrías, los miedos y las esperanzas, y sobre todo la lucha de un hombre y el testimonio de la lucha de un pueblo, y precisamente desde un puesto de lucha consecuente y que nunca sucumbió a las tentaciones para lograr la difusión, la fama y el éxito. Desde ese lugar, poco amigo del poder, José sigue trovando y componiendo una obra testimonial con unas reflexiones que los argentinos todavía nos debemos.
Del talento musical y poético contenido en su obra, del que se pone de manifiesto y vibra en cada presentación, no diré mucho: se expresa por sí mismo y adquiere su verdadera dimensión desde la sensibilidad y la emoción de experimentarlo, como corresponde a todo trovador que se precie de tal. De la calidad de su producción independiente, el CD “Un Pétalo de Pueblo”, valga mencionar que se debe al esfuerzo y al amor de José y de los músicos que por amistad y vocación tuvieron parte en ella, y se sobrepone a la ausencia de recursos económicos y en consecuencia técnicos.
La historia y la obra de José Mauro, palpitan aún a la espera de un reconocimiento y un espacio que nos adeudamos, desde lo artístico y desde lo social, como una mirada lúcida, honesta y emotiva sobre el pasado y el presente, proyectada sin dudas ni vacilaciones hacia un futuro mejor.
Alberto Juanco Lic. en Ciencias de la Comunicación. |